portada de Correspondencia

Colección: El barquero 47
Prólogo de Pierre Klossowski
Traducción de José M.ª Fouce
Páginas: 62
Formato: 15 x 21 cm
Encuadernación: Rústica
ISBN: 978-84-9716-361-3
Año aparición: 1.981

Precio sin IVA: 5,77€
Precio con IVA: 6,00€

A lo largo de su correspondencia con Rilke, Lou Andreas-Salomé ejerció una cura de alma sobre el poeta, convencida de que las fuerzas oscuras de la persona constituían la única fuente tanto de «Curación» como de creación del poeta. Lou trata de convertirse en mediadora entre el alma deprimida del poeta y las angustias que regularmente le confiesa en sus horas de esterilidad, y así aparece esencialmente como la intérprete tanto de esas fuerzas oscuras como de las primeras interpretaciones que da el mismo poeta.

«Yo sentía entonces, y hoy lo sé, que precisamente en la infinita realidad que te rodeaba residía para mí el hecho más profundo de aquellos tiempos de entrega, inefablemente buenos y grandes; la experiencia nueva que recogí entonces en cien lugares a la vez se desprendía de la realidad que eras tú. Nunca, en mis tímidos tanteos, había sentido tanto lo existente, había creído tanto en lo presente, ni había intuido tanto lo inminente; tú eras lo contrario de la duda y me dabas testimonio de que todo lo que tocas, lo que alcanzas y lo que miras es. El mundo perdió para mí su carácter nebuloso, ese fluido hacerse y deshacerse que era el tono y la pobreza de mis primeros versos; las cosas eran, los animales se diferenciaban, las flores vivían; aprendí la sencillez, aprendí, lenta y penosamente, lo sencillo que es todo y maduré hablando de cosas sencillas. Y todo esto ocurrió porque te encontré a ti cuando corría por vez primera el peligro de entregarme a lo abstracto.»

RAINER MARIA RILKE

 

«Si durante años fui tu mujer es porque tú fuiste para mí la primera realidad, cuerpo y ser en una unidad indivisible, una prueba irrebatible de la vida misma. Textualmente, hubiera podido decirte lo mismo que tú dijiste al declararme tu amor: “Sólo tú eres realidad”. Por eso fuimos esposos antes que amigos y si nos hicimos amigos no fue por elección nuestra, sino por unas nupcias contraídas íntimamente. No éramos dos mitades que buscaban complementarse, éramos un todo que, de pronto, sorprendido, se reconoció como tal. Y fuimos como hermanos, pero hermanos de tiempos pasados, de cuando el matrimonio entre hermanos no era pecado».

LOU ANDREAS-SALOMÉ

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